Odio la Navidad | ¿Existe el odio a la navidad? ¿Se puede mitigar?

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Odio | Navidad


En más de una ocasión hemos escuchado la opinión de algunas personas que afirman odiar la Navidad. Tampoco resulta extraño encontrar personas que consideran estas fiestas uno de sus momentos favoritos del año. Si aún cabe un tercer estado intermedio, ese es el correspondiente a aquellas que viven estas festividades con relativa indiferencia, pero hoy nos vamos a centrar en la opinión de aquellos que proclaman su odio a las mismas.

Veremos los dos argumentos más comunes esgrimidos por sus detractores, y un enfoque alternativo para cada uno de ellos, que nos pueden ayudar, si no a disfrutarlas, a acogerlas de una manera más relajada:

  • Se trata de una fiesta comercial, en la que únicamente prima lo material. Es normal que, a lo largo de los años, el concepto de estas fiestas haya evolucionado de una manera paralela a los tiempos; de la profunda espiritualidad de épocas pretéritas, hasta llegar a la innegable comercialización que impregna toda la realidad contemporánea. El “espíritu navideño” no ha sido ajeno a la transformación de las costumbres del último siglo, aunque no en distinta medida a otros usos sociales. Esa mercantilización es, probablemente, la responsable de que año tras año el periodo de venta navideño comience antes y su mensaje sea cada vez más global y persistente.
    Actitud RE: Sin embargo, siempre está en nuestra voluntad el vivir las fiestas a nuestro ritmo, con nuestros plazos, independientemente de lo que el entorno nos sugiera, tal y como la sintamos.
  • Se nos obliga a sentirnos bien con los demás, de una manera artificial. Es todo fachada. La verbalización de buenos deseos destaca por su profusión, tan concentrada e intensiva en este periodo, aunque aún resalta más por la ausencia de dichos deseos a lo largo del resto del año. Es fácil sentir que todo lo que rodea a las fiestas es fruto de la costumbre y que no se expresa de una forma sincera.
    Actitud RE: Sin embargo, nuevamente está en nosotros acoger con agrado las felicitaciones que nos llegan y que percibimos como verdaderas, de la misma forma en que podemos “aprovechar” las circunstancias y expresar, de forma honesta, nuestro cariño a las personas que apreciamos, más allá de esa especie de pudor que sufrimos habitualmente a ofrecer muestras de cariño.

Además de estas dos grandes críticas, de carácter social, hay que considerar otros factores más personales, propios de eventos de marcada emotividad. Para muchos, estos días suponen el enfrentarse a recuerdos dolorosos, como la ausencia de personas queridas o problemas familiares, ya sean pasados o presentes. En cualquier caso, siempre tenemos la opción de que, una vez identificado lo que no nos agrada de una realidad, podemos profundizar en busca de todo aquello con lo que sí nos identificamos y que en algún momento nos hizo y nos hace sentir bien.

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