Una relajación exprés, por favor

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Atascos, empujones, trabajo acumulado en la oficina, miedo ante un examen, ataque de nervios en medio de una discusión desagradable o el teléfono que suena constantemente.

La solución es más fácil de lo que solemos creer:

¡RELÁJATE! Si aprendes a tener momentos de desconexión, podrás evitarte algunas patologías comunes que se pueden sufrir como consecuencia de un estado de tensión continuo, y que van desde palpitaciones e insomnio hasta gastritis y dolores en las articulaciones.

Olvida eso de “No me puedo relajar, no tengo tiempo para hacerlo”. Has de saber que precisamente a los hombres y mujeres con altos cargos, grandes responsabilidades y agendas mega apretadas, son a los que más se les hace hincapié en que incluyan ‘esos momentos de relajación’.

Déjate de excusas, piensa en ti un poco más y pon en práctica algunos de los trucos y ejercicios de relajación que te proponemos a continuación:

  • Técnicas de respiración en las que contabilices las inhalaciones y las exhalaciones de forma pausada, centrando tu atención sólo en esa acción. Te servirán para relajarte sin necesidad de levantarte del escritorio. No hace falta que vayas todos los días a un spa para salir renovado.
    Ejemplo de técnica de respiración:

    1. Pon una de tus manos debajo del ombligo, de manera que puedas sentir el movimiento de la tripa mientras respiras.
    2. Inspira. Haz una pausa para contar hasta tres.
    3. Expira. Vuelve a parar y cuenta hasta tres.
    4. Continúa respirando profundamente durante un minuto, haciendo pausas para contar hasta tres después de tomar aire y al soltarlo.
  • Dormir una siesta de no más de media hora. Muchas empresas están adoptando esta actividad para sus trabajadores, con el fin de garantizar mejor rendimiento. Habilita un espacio dentro de tu trabajo si hace falta (tampoco tiene que ser una cama king size ni nada por el estilo).
  • Automasajes. Utiliza los pulgares para realizar pequeños círculos alrededor de la base del cráneo. Masajea el resto de tu cuero cabelludo con los dedos. Y luego pásate a la cara, haciéndote una serie de pequeños círculos con los pulgares. Presta especial atención a las sienes, frente y músculos de la mandíbula.
  • Aromas como la menta, el eucalipto, la naranja, la mandarina o el limón aportan vigor. Los perfumes dulces como la canela o la vainilla trasmiten una sensación de calma y relajación.
  • Escuchar música instrumental o de meditación de fondo. No es casualidad que en ciertos lugares públicos donde se ofrecen servicios a un considerable número de usuarios se suela escuchar música de fondo, ya que está altamente indicada para rebajar el nivel de alteración y ansiedad que puede provocar una larga espera o el propio bullicio.
  • Relaja los hombros, dejando caer los brazos a ambos lados del cuerpo. Ahora inspira y expira despacio. Cada vez que expires, trata de relajarte aún más.
  • Evádete del lugar en el que estás por unos minutos: siéntate cómodamente en una habitación tranquila. Respira profundamente durante unos segundos. Imagínate en un lugar que te evoque buenos recuerdos. Intenta incluso traer a tu mente algún olor que te agrade (césped recién cortado, la madera de una sauna, la brisa del mar, el olor a pan, el olor de tu pareja…) Céntrate en los placeres sensoriales: el silbido de un viento suave, el cosquilleo de la hierba en los pies, el olor a mar o el sonido de las olas rompiendo. Para finalizar, poco a poco, ve desvinculándote de estos pensamientos para ir regresando al momento real.

Y ahora no tienes excusa. ¡A combatir el estrés!

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