Llegas tarde con frecuencia, y eso te estresa

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Cabe plantear la situación con la siguiente pregunta: ¿llegar tarde te causa estrés o un estrés previo es el que te hace llegar tarde y por ende, aumentar más aún ese estrés inicial?

Todos alguna vez hemos podido llegar tarde a una cita o evento, pero hay un tipo de impuntualidad que merece una reflexión seria, porque para no pocas personas, esta situación les hace entrar en un estado de estrés con demasiada frecuencia. Además, este comportamiento también puede provocar inquietud e incluso estrés a los que tienen a su alrededor o sufren directamente su impuntualidad.

¿Te identificas con este tipo de personas?

Antes de entrar un poco más de lleno en las posibles causas y sus posibles soluciones, distingamos entre dos tipos de impuntualidades:

  1. Unas veces llegas 10 minutos tarde, otras veces media hora.
  2. Normalmente siempre llegas 10 minutos tarde (más o menos)

Según los expertos, el primer tipo de impuntualidad es más fácilmente corregible, siendo seguramente más una cuestión de falta de atención. Pero si se trata del segundo caso, en el que la impuntualidad suele ser siempre la misma, es probable que se trate de una barrera psicológica.

También es interesante que observes si tu impuntualidad se produce a la hora de acudir a cualquier cita, lugar o evento, o por el contrario eres más tendente en ciertos casos.

Un buen comienzo para solucionar cualquier situación constante de impuntualidad, es analizar muy bien el ‘antes de’, es decir, plantéate seriamente qué circunstancias se dan antes de que ocurra esa impuntualidad:

  1. ¿Siempre te queda algo pendiente por hacer antes de salir por la puerta de tu casa o trabajo?
  2. ¿Restas importancia el tiempo que necesitarás para trasladarte al punto de encuentro?
  3. ¿Te pasa por la cabeza una justificación para tu impuntualidad mucho antes de que esta se produzca?
  4. ¿Empiezas a enfadarte a medida que se va aproximando la hora de salir por la puerta?
  5. ¿Buscas culpables porque vas a llegar tarde?

Seguro que más de una de las anteriores preguntas te resultan familiares.

Lo cierto es, que salvo circunstancias especiales, todo está en ti, todo depende de ti. Como dice Thomas Carlyle: “El ideal está en ti, el obstáculo para su cumplimiento está también en ti”.

Los expertos que han profundizado en el tema de la impuntualidad en lo referente al estrés, afirman que las personas impuntuales crónicas acaban encontrando cierta emoción en ese acto, llegando a suponerles una especie de reto autoimpuesto a la hora de cumplir plazos en situaciones de urgencia (y de no urgencia también). Incluso, afirman que detrás se esconde una intención de sentirse ocupados o importantes.

También está demostrado que una impuntualidad constante te da sensación de fracaso constante, que va haciendo mella y puede acabar cronificándose.

Aunque los malos hábitos no se cambian de un día para otro, lo importante es que quieras empezar a cambiar (La base para afrontar cualquier problema es asumir el problema. SIN EXCUSAS). Veamos algunos puntos a tener en cuenta, respondiendo para ello a las 5 preguntas que hemos hecho un poco más arriba:

  1. Si siempre te queda algo pendiente por hacer, es porque no te organizas las tareas y no te molestas en graduar el nivel de urgencia de las mismas. Empieza a dosificarlas y organizarlas, considerando tus citas como una tarea más de tu agenda de actividades. Si tienes bien organizadas tus tareas, también sabrás mejor si aquellas citas que permiten elegir horario, las puedes poner para una hora u otra, pero luego sé consecuente con tus decisiones.
  2. No menosprecies el tiempo de traslado hasta el punto de encuentro. Asume que hay muchos factores que escapan a tu control, como el tráfico o el encontrar aparcamiento. Calcula dicho tiempo con cierto margen (más vale que te sobre) y tenlo en cuenta a la hora de organizar toda tu agenda. Esto también vale si es una circunstancia de diario, como la de acudir a tu trabajo, pues si te sinceras contigo, verás que esos 10 minutos que llegas tarde a menudo, se pueden evitar adelantando el despertador con cierta generosidad y fijar una hora concreta a la que tienes que estar saliendo por la puerta. Si lo tuyo es la lentitud, tenla también en cuenta antes de hacer un horario que no puedes cumplir.
  3. Excusas, excusas y más excusas. Si piensas en excusas es porque no calibras la importancia de la puntualidad para otros, ni tampoco la imagen que transmites dando excusas. Ten en cuenta que, como se dice, “el tiempo es oro” y no tienes derecho a condicionar el tiempo de otros por dejadez. No hablemos si esas excusas se las das a alguien que ya te ha visto llegar tarde en más de una ocasión. En lugar de buscar la excusa perfecta, busca perfeccionar tu organización del tiempo y si te has puesto que a las 7:00 horas tienes que salir por la puerta, también puedes pensar a qué hora debes salir de la ducha para que eso sea posible.
  4. Enfado progresivo a medida que ves, una vez más, que vas a llegar tarde. Si de verdad quieres comenzar a solucionar el problema, empieza por dar importancia a la puntualidad y la imagen que lo contrario da de ti. Si consigues organizarte teniendo en cuenta los puntos anteriores, el enfado cada vez será menor y evitarás añadir a tu vida una cucharada extra de estrés, el cual, en muchos casos, afecta a las actividades que harás a continuación.
  5. ¿Culpables? Seguramente a estas alturas tienes más claro que no hay más culpable que tú. Pero una buena filosofía de superación es la de buscar soluciones, no culpables, de modo que no te machaques y actúa.

Esto sólo es una reflexión sobre la impuntualidad crónica, pero si te has identificado con este artículo, ya es un buen punto de partida el asumirlo y que cambiarlo depende ti. ¡Ánimo! hoy es un buen día para empezar. Y si necesitas ayuda, no dudes en acudir a un profesional.