El estrés y el clima | Porque todo influye, también la climatología

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Estrés y clima | Relación


Posiblemente todos hayamos comprobado ya que el cambio de clima influye, en más de una ocasión, en nuestro estado de ánimo. No es lo mismo levantarse y encontrarse con un día soleado que ver las nubes y la niebla de un día lluvioso. Está demostrado que nuestro cerebro no afronta igual el sol que la lluvia, para muchas personas

Existe cierta disonancia en este hecho, y es que si consideramos el agua un elemento positivo básico para nuestra salud, por lo general, cuando la encontramos en forma de lluvia, nuestro estado de ánimo se mermado e incluso hace aflorar el mal humor y otras sensaciones adversas no propicias para quienes son tendentes a la depresión o el estrés.

Pero, ciertamente, los cambios climáticos no determinan de forma directa el estado de ánimo en el que nos encontremos, hay un factor que es más importante, que hace que no todos reaccionemos con la misma negatividad ante un día o una racha de días de mal tiempo, se trata de la condición personal de cada uno, de la personalidad y de la inercia de la propia forma de ser.

No obstante, también es patente que los humanos somos inconformistas por naturaleza y del mismo modo que podemos desear que llegue el buen tiempo, cuando este buen tiempo se extrema más de lo deseado, tanto en temperatura como duración, a muchas personas le afloran sensaciones negativas, tales como agobio, agitación, alteración… y otros efectos que alteran nuestro organismo hasta llevarlo a un punto de ansiedad y estrés.

Si atendemos a la climatología de ciertas zonas del mapa mundial, en los países donde el frío es actor principal durante la mayor parte del año, las personas que lo habitan tienden a ser menos sociables y más tímidos, ya que el frío hace que pasen más tiempo dentro de sus hogares, reduciendo así la probabilidad de que conozcan a más personas y potencien las habilidades comunicativas con desconocidos. Este aislamiento y soledad, son condiciones favorables para la aparición del estrés y la ansiedad.

En los países en los que el clima es mucho más templado, la disposición de los sujetos es totalmente distinta, ya que ello les permite salir más a la calle y socializar con más personas. Aparecen más estímulos sociales y de ocio de los que se puedan dar en el hogar. Su humor es distinto al de los habitantes de países fríos y tienden a tener más confianza y seguridad en sí mismos y mejorar sus relaciones personales. Por lo tanto, el riesgo de estrés de estas personas, inicialmente, será mucho menor y se podrá moderar mejor gracias a las ventajas que les aportan hacer actividades de ocio y de entretenimiento en contacto no sólo con más personas, sino con la propia naturaleza.