Acuafobia o hidrofobia | Fobia al agua

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Acuafobia o hidrofobia


La acuafobia es una fobia específica que consiste en tener miedo al agua. La palabra “acuafobia” es un término híbrido con raíces en dos lenguas antiguas: del latín “aqua” (agua) y del griego “phobos” (miedo).

Algunas personas tienen miedo al agua profunda, otras a las fuertes olas, otras temen al agua de piscinas, ríos y bañeras, de modo que hay diferentes variedades de fobias al agua y fobias al mar. Es tal el miedo de algunas personas al agua, que no pueden ni entrar en contacto con ella, incluso no pueden siquiera mirar a una gran masa de agua. Algunas veces, la acuafobia es tan fuerte que incluso el ser salpicado o rociado con agua puede causar una auténtica reacción fóbica.

La acuafobia o hidrofobia puede presentarse en una persona como consecuencia de experiencias específicas o causas biológicas. Algunas personas pueden desarrollar esta fobia como una reacción a una experiencia traumática relacionada con el agua, como estar a punto de ahogarse, un naufragio o ver morir a un pariente ahogado. Otros casos pueden simplemente deberse a factores culturales, como es el caso de las personas criadas en zonas desérticas. Otros enfermos pueden llegar a sentir este malestar sin entrar en ninguna de las anteriores categorías.

Los síntomas que acompañan a las personas que padecen este tipo de fobia pueden ser: ansiedad, temblores, sensación de frío, risa nerviosa e incluso agresividad en algunos casos.

Al igual que la mayoría de las fobias específicas, la acuafobia responde muy bien a los tratamientos. La terapia cognitivo-conductual es especialmente eficaz, con la que se enseña al paciente a sustituir el diálogo interno negativo con mensajes positivos que le permitan aprender nuevos comportamientos para hacer frente a su miedo. Si la fobia es aguda, los medicamentos, la hipnosis y otras terapias pueden ayudar a controlarla.

Quienes padecen esta condición como consecuencia de algún trauma infantil relacionado con los líquidos, no sólo les tienen aversión particular al agua, sino que, en general, temen a las sustancias líquidas.

En muchos casos, el miedo de los hidrofóbicos es estar sumergidos en un entorno acuoso y la mayoría de ellos, por ende, no saben nadar. De hecho, aprender a nadar constituye una mejora y un paso para superar esta fobia.

Ante esta fobia, no debe dudarse en acudir o recomendar acudir a un profesional cualificado, que aplique el tratamiento más adecuado y se pueda disfrutar de un medio tan ligado al ser humano como es el agua.