La cara es el espejo del alma, muchas veces para bien

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La cara es el espejo del alma


Puede que te preguntes: ¿y qué tiene que ver esto con el pensamiento positivo? Yo te respondo: mucho. No sé si habrás experimentado alguna vez la sensación de conocer a alguien por primera vez y que de inmediato te transmita buenas vibraciones y no hablo necesariamente de alguien por quien sientas amor o atracción física.

Pueden ser sus ojos, su sonrisa, algunos de sus gestos o incluso algo que no aciertas a adivinar, pero ciertamente hay personas cuya cara consigue llegarnos y transmitirnos buenas sensaciones (bondad, inocencia, ilusión, simpatía, ternura… o como decimos por España: “tiene pinta de ser buena gente”).

Esta sensación puede ocurrir fácilmente con los niños, incluso viéndolos en foto, por ejemplo, cuando ponen algún gesto entrañable o realizan alguna acción propia de su inocencia y que nos provoca especial ternura e incluso nos saca una sonrisa de satisfacción.

Siempre me ha gustado observar la cara de las personas, por supuesto con disimulo y sin molestarles, pero me gusta ponerme a prueba para ver si consigo adivinar qué dicen sus ojos o sus gestos. No obstante, hay personas a las que no es necesario observarlas mucho, porque ellas por si solas desprenden sensaciones positivas (desgraciadamente otras también negativas, pero esas aportan poco y lo mejor es ignorarlas).

Por suerte, aun podemos encontrarnos en cualquier momento a alguna de esas caras que nos aportan y nos dicen algo positivo: quizás la carnicera risueña, quizás al abrir la puerta a alguien que llama, quizás el niño del vecino cuando te lo encuentras en el ascensor y mira hacia arriba buscando tu atención…

Mi consejo es que no desperdicies ninguno de esos momentos, porque no te pueden aportar nada malo, más todo lo contrario, posiblemente te alegren el día.

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