La vida es un regalo | Como dice el título del último libro de María de Villota

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La vida es un regalo


Los humanos, en general, a medida que nos acomodamos a la vida y creemos que nuestra muerte está lejana, nos vamos atando a lo material y lo superfluo y dejamos desatendido mucho de lo humano. Esto no significa que no sintamos emociones puramente humanas pero, ciertamente, parece como si se nos olvidase cuál es la esencia de la vida.

Todos hemos oído o leído de alguien que ha tenido una experiencia cercana a la muerte o ha padecido una dura enfermedad. Cuando estas personas se recuperan, en muchos casos parece como si se hubiesen despertado de un letargo y descubrieran una nueva vida. En realidad, creo que la mayoría vivimos en ese letargo, institucionalizados con el rumbo que llevan nuestras sociedades.

María de Villota, la expiloto de fórmula 1 que ha fallecido recientemente, era una de estas personas y aunque no conocemos cómo vivía la vida antes de su grave accidente, ella misma había optado por ayudarnos a recordar lo afortunados que somos al estar vivos. No todo el mundo que sufre una situación cercana a la muerte decide volcarse en ayudar a los demás a valorar más la vida.

Me pregunto: ¿sólo despertamos de ese letargo si nos enfrentamos cara a cara con la muerte?
Me respondo: salvo excepciones, todo parece indicar que así es.

Que la vida es un regalo, cada vez lo pensamos más personas, pero de ahí a vivirla como tal, es otra cosa. Como he comentado en otras ocasiones, tenemos una tendencia innata, casi tan humana como la propia vida, a engrandecer lo pequeño y minimizar lo grande, cosa que está bien con lo bueno, pero que es un craso error con lo que nos afecta negativamente. ¿Cuántas veces podríamos evitar discusiones absurdas?, ¿cuántas veces lo que catalogamos como problema o nos preocupa, es una simple incidencia? ¿cuántas cosas que creemos necesitar y compramos, eran prescindibles y luego han acabado olvidadas en el cajón o en un trastero?

Creo que si nos esforzamos en dar importancia sólo a lo que verdaderamente es importante, es decir, a aquello que afecta a la salud o a la felicidad (ya sea la nuestra, la de nuestros seres queridos o incluso del planeta entero), sentiríamos la vida de forma más natural.

Yo también creo que la vida es un regalo y sinceramente, cada vez estoy más concienciado de que no tengo que esperar a verle la cara a la muerte para amar la vida. Siempre procuro dar a las cosas la importancia que tienen y por eso cuando oigo quejarse a la gente de cosas banales, pienso en los que no tienen nada que echarse a la boca o en quienes tienen una enfermedad grave. Puedes pensar que eso que hago es demagogia, pero yo creo que es realidad, es tan sencillo como que si a todo el que se queja de banalidades, de repente le detectasen una enfermedad grave, posiblemente pasaría a pensar en lo que verdaderamente importa y restaría importancia a esas banalidades que antes le hacían quejarse.

¡Vive la vida como el regalo que es y no pierdas tiempo con lo que no merece la pena!

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