La musicoterapia también como medicamento

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La musicoterapia | Medicamento


Todos sabemos reconocer cuándo una canción nos parece “alegre” o nos parece “triste”. Generalmente nuestro estado de ánimo mejora tras escuchar una canción que nos agrada y mucho más si es nuestra canción favorita.

Precisamente, la musicoterapia recurre en ocasiones a diferentes melodías como método para curar o reducir ciertos problemas de salud. A este respecto, diversas investigaciones se han encargado de enumerar en qué casos nos puede ayudar ayudar y por qué.

Un estudio de la Universidad Estatal de Ohio realizado sobre 373 pacientes demostró que entre los pacientes de cuidados intensivos que recibían asistencia respiratoria aguda por insuficiencia respiratoria, tras ser sometidos a sesiones con su música preferida, los pacientes generaban una mayor reducción de la ansiedad y la frecuencia e intensidad de la sedación en comparación con la atención habitual. Exactamente, al cabo de cinco días estos pacientes estaban tomando tres dosis del medicamento al día, mientras que los demás enfermos en la misma situación tomaban cinco.

“Con la música, hemos sido capaces de demostrar una reducción simultánea en la ansiedad y en la sedación. Cuando escuchamos música, todas nuestras luces del cerebro se encienden. Queremos sacar provecho de los agradables recuerdos reconfortantes asociados con la música, ya que ocupa los canales del cerebro que de otro modo serían ocupado por un estímulo que le producen ansiedad” dijo Linda L. Chlan, una de las responsables del estudio.

La música también puede ayudar a combatir el dolor corporal. La farmacopea clásica recurre para ello a opioides como la morfina. Se cree que una melodía podría hacer que el cerebro produzca sus propios opioides naturales, como la endorfina. Este fenómeno explicaría el efecto analgésico de la música.

El efecto tranquilizador de la música se produce al inhibir ciertas hormonas del estrés y reducir así la presión sanguínea y el ritmo cardiaco, atenuando la sensación de ansiedad.

Pero la música también puede tener efectos secundarios y provocarnos estrés en vez de tranquilizarnos. El rock o el heavy, por ejemplo, serían poco adecuados. Un estudio que analizó las reacciones de los cerdos a distintos tipos de música observó que ambos géneros volvían agresivos a los animales. Ni rastro del efecto tranquilizador. Por esto, algunas veces, la mejor medicina es el silencio.